Se trata, por ejemplo, de trabajadores relacionados con las ventas, camareros y operadores de máquinas para la fabricación de textiles, identifica un nuevo estudio de la Fundación Francisco Manuel dos Santos, que hace un llamamiento a la formación de los trabajadores.
A partir de las cifras del Marco de Personal, y en un momento en que la digitalización ya está transformando el mercado de trabajo, la Fundación Francisco Manuel dos Santos decidió analizar cuáles son los empleos más expuestos a los efectos (positivos y negativos) de la tecnología, reconociendo que, con este conocimiento, será posible "diseñar estrategias concretas para aprovechar los beneficios y reducir los impactos negativos del cambio tecnológico".
En cuanto a los efectos destructivos, los investigadores consideran la sustitución de tareas antes realizadas por humanos por herramientas tecnológicas.
Por efectos transformadores se entienden las aplicaciones de IA que "complementan, aumentan y transforman el trabajo humano, haciéndolo más productivo".
A partir de estas definiciones, el nuevo estudio divide el empleo total registrado en Portugal en cuatro grandes áreas: profesiones en alza (alta exposición a efectos transformadores y baja a efectos destructivos), profesiones en declive (baja exposición a efectos transformadores y alta a efectos destructivos), el área de los humanos (baja exposición a ambos) y el área de las máquinas (alta exposición a ambos).
Ahora bien, en estas profesiones en declive -que "corren grave riesgo de extinción, dada su vulnerabilidad a las disrupciones tecnológicas", advierte la FFMS- hay un 28,8% de empleados en Portugal.
Peor aún, una de las profesiones que entran en esta categoría -y que, por tanto, está seriamente amenazada- es una de las más comunes en Portugal: los trabajadores dedicados a las ventas (que corresponden al 5,3% del empleo en el país). "Esto pone de manifiesto la magnitud del problema", subrayan los autores del estudio.
Además, de las diez profesiones con más asalariados en Portugal, tres están "en colapso" (además de la ya mencionada, destacan las "otras profesiones elementales", que cubren el 3,5% de los empleos, y camareros y personal de bar, que cubren el 2,5% de los empleos).
Además de éstas, también están "en colapso" (aunque tienen menos peso en el mercado laboral) los operadores de máquinas para la fabricación de productos textiles, de piel y cuero, los chapistas, los trabajadores cualificados de la industria alimentaria, los cocineros y los cajeros y taquilleros.
El estudio de la FFMS advierte de que los trabajadores de las profesiones en colapso perciben, por término medio, ingresos inferiores a los del resto de empleados y, por regla general, tienen escasa cualificación (sólo el 5,4% ha cursado estudios superiores). "Por tanto, se encuentran en una posición más vulnerable en caso de desempleo o empleo precario", señalan los autores.
Y recomiendan a los responsables políticos tener en cuenta ya un escenario de presión adicional sobre el sistema de Seguridad Social, así como plantearse la puesta en marcha de políticas activas, "con objetivos como el reciclaje de trabajadores y desempleados" y la reinserción laboral de los parados.
La noticia menos mala es que los esfuerzos para recualificar a estos trabajadores "pueden no ser especialmente exigentes", ya que las competencias requeridas por las profesiones en colapso se aproximan a las requeridas en algunos empleos de dominio humano (baja exposición a los efectos disruptivos y transformadores de la tecnología), lo que "podría facilitar la transición de los trabajadores."